DONDEQUIERA QUE ESTEMOS, LOS PUEBLOS INDÍGENAS SON NUESTROS VECINOS
Se estima que hay 370 millones de indígenas en el mundo que viven en 90 países. Las comunidades indígenas están presentes en todas las regiones geográficas y representan 5.000 culturas diferentes.
LOS PUEBLOS INDÍGENAS HABLAN UNA ABRUMADORA MAYORÍA DE LAS 7.000 LENGUAS DEL MUNDO
Las lenguas indígenas no son sólo formas de comunicación, sino que también amplios y complejos sistemas de conocimiento. Las lenguas indígenas son centrales para la identidad de los pueblos originarios y preservan su cultura y su visión del mundo.
Muchas lenguas indígenas están en peligro de desaparecer. Se estima que una lengua indígena muere cada dos semanas. Cuando estas están amenazadas, también lo están los propios pueblos originarios. La UNESCO ha declarado 2019 el año internacional de las lenguas indígenas para preservar estos marcadores críticos de la salud cultural.
Los huli, la tribu más remota de Papúa Nueva Guinea

Los Huli Wigmen, también conocidos como Haroli, viven en Papua Nueva Guinea, en concreto en los distritos de Tari, Koroba, Margaraima y Komo, situados en las llamadas Tierras Altas del Sur. Las últimas estimaciones los cifraban en torno a unos 90.000 miembros y llevan viviendo en esas tierras ni más ni menos que un milenio. Su lenguas principales son el huli y el tok pisin, muchos de ellos hablan alguna de las lenguas utilizadas en su entorno cercano y una minoría incluso inglés.
Las mujeres trabajan la tierra y caminan grandes distancias descalzas con sus bilum (bolsas de red tejidas con fibras sacadas de la corteza de un árbol llamado kabi) sujetos a la cabeza. Algunas llevan la cara completamente pintada de negro. Son las viudas, que irán retirando cada día una cuenta de su collar hasta que la última las desviude, liberándolas del luto y permitiéndolas casarse de nuevo.



Muchos huli se pasean por los mercados con sus atuendos tradicionales, sus plumas en la cabeza, sus collares de conchas, sus faldas vegetales… y sus armas colgando. No es infrecuente ver a un huli con su arco de madera de palmera negra, una especie que sólo crece en la costa, y su haz de flechas. Los huli “compran” a las tribus ribereñas la madera para sus arcos a cambio de pintura de arcilla y sal, producto que obtienen quemando troncos que han estado previamente sumergidos en ciertos ríos, acumulando cristales de sodio. Los puñales son generalmente de tibia afilada.

UNA PARTICULARIDAD MUY CURIOSA de algunos clanes es la llamativa peluca que portan en ocasiones especiales. Está hecha del propio pelo del guerrero, cortado en plena juventud, tras un ritual iniciático que dura dieciocho meses. esto lo combinan con pintura amarilla, un hacha con garras, un delantal de hojas y un cinturón con trenzas para intimidar a las tribus rivales. Según su tradición, realizan un baile imitando a las aves del paraíso. Durante ese tiempo, el aspirante ha de entrar en un río tres veces al día, beber un buche de agua de un tubo de bambú, escupirlo hacia arriba y dejar que le llueva sobre la cabeza. Después, se aplica unos hisopazos sobre los hombros con unas ramas de helecho mojadas en el río mientras recita ciertas imprecaciones. Al cabo, un anciano experto de la tribu le corta el pelo y lo inserta, cabello a cabello, en una funda de tejido hasta formar la hermosa cabellera que heredarán sus hijos y que podrá cambiar, en caso de apuro, por un cerdo de mediano tamaño.





